La voz de un testigo de circunstancias
y acontecimientos debe poseer los matices e inflexiones capaces de
recomponer, para esos testigos distanciados que son los lectores,
el espacio y el tiempo precisos, y también los juegos, las
pasiones, las esperanzas, que esos espacios y tiempos hacían
posibles. La imagen del recuerdo no es entonces un plano inmóvil
y señalizado, sino una profunda galería que nos permite
conocer personajes, zonas, corrientes políticas y de pensamiento.