La
novela negra se ocupa, esencialmente, de la violencia. Lo que no quiere necesariamente
decir asesinatos, violaciones, atracos: la violencia que ejerce el sistema contra
el individuo es mucho más sutil y, también, mucho más terrorífica,
porque no cabe buscar culpables ni lamentarse en nombre de la siempre hipotética
justicia. La violencia está ahí: en Hollywood, donde centenares
de extras esperan el golpe de suerte que les llevará a la fama, al indispensable
triunfo. Y el camino está sembrado de caídos.