En vez de hombres de poder y de sustancia,
muchos de los protagonistas de estos cuentos son ajenos a la vida
norteamericana, como el narrador de El zapatero remendón,
o a la vida ciudadana, como el negro victimizado y confuso que aparece
en Ocaso. El autor muestra su respeto y su simpatía
hacia esa gente; en el primero de sus cuentos alaba "el espíritu
sin trabas" del mendigo inválido y lo compara con "César
montado en su carroza en medio de pétalos de rosa". Faulkner
escribe las ansias de esa pobre gente por el amor, por la dignidad
humana, por el reconocimiento de su propio valer, y hace de esto el
tema dominante de sus trabajos literarios.