Hacia 1970, Reich se había
unido a J.R.R.Tolkien, Hermann Hesse y Che Guevara como uno de los
héroes y mentores simbólicos de las generaciones jóvenes.
Entre sus atributos para ocupar esa posición no era el menos
importante el hecho de haber muerto en un cárcel federal, acosado
por el sistema. La Administración de Alimentos y Drogas había
contribuido a situar a Reich en las filas de los mártires revolucionarios.
Paradójicamente, le habría producido satisfacción
saber que fue él quien tuvo la última palabra.