Casi imperceptible suele ser la línea
que separa la realidad de lo estrictamente imaginario, sobre todo
cuando la verdad de lo narrado se va desvelando a partir de los más
leves indicios, con un rigor y una sabiduría sólo posibles
en quien como Yvonne Zuñiga, ha sondeado en profundidad los
secretos del oficio: este oficio del arte de narrar, tan antiguo como
la humanidad misma y, sin embargo, siempre nuevo, siempre sorpresivo,
sortilegio que vuelve a suscitarse en esta veintena de cuentos a través
de los cuales la escritora inquiere sin concesiones en la realidad
que nos concierne, la de este tiempo, su frustración y esperanzas,
sus derrotas y júbilos, testimoniados desde una perspectiva
de mujer comprometida y vigilante.